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sexta-feira, novembro 12, 2010

O Brasil é maior que Lula, diz artigo no El País

O Brasil é maior que Lula, diz artigo no El País
Novembro 11, 201 - Autor: Instituto Millenium – Internacional
“Lula fez sua parte, mas o país já é um trem em movimento que poderá ser governado por qualquer um”, diz o artigo de Juan Arias no “El País” desta quinta-feira, 12 de novembro. Para o jornalista e escritor, “O Brasil é um país mais rico e com menos desigualdade social, graças a Lula, mas não apenas a ele. É um país que faz diferença no mundo e não viaja mais com o clássico “complexo de vira-lata” do passado. Os brasileiros ganharam uma forte dose de auto-estima. O slogan do candidato derrotado da oposição, José Serra, foi correto: “O Brasil pode mais.” Ou seja, ainda pode crescer, ter um sistema melhor de educação, melhor saneamento, melhor segurança pública, melhor infra-estrutura e menos desigualdade”.
TRIBUNA: JUAN ARIAS
Brasil es mayor que Lula
Lula hizo a Brasil mejor de lo que era, más rico, con menos pobres y con enorme proyección mundial, pero Brasil es mayor que Lula. No es una crítica al que ha sido, sin duda, el presidente más popular del país después de Getulio Vargas, con quien el ex tornero no tuvo problemas en compararse apellidándose también él padre de los pobres en un difícil equilibrio entre popular y populista.
Lula ha contribuido en sus ocho años de Gobierno a consolidar la economía de Brasil, en cuyo territorio caben dos Europas. Tuvo la inteligencia, cuando llegó al poder aclamado por los marginados, de no dejarse arrastrar por los señuelos clasistas de su partido y mantuvo las líneas de rigor económico de su antecesor, el economista Fernando Henrique Cardoso, fundador del Partido Socialdemócrata (PSDB), hoy la mayor fuerza de la oposición, reforzada en las últimas elecciones.
Sus orígenes humildes, su empatía con los más desfavorecidos, su capacidad de gobernar con el corazón, su habilidad para hablar el lenguaje de los menos escolarizados, su carácter extrovertido y hasta sus modales a veces de bar de barrio hicieron a Lula no solo simpático, sino un verdadero ídolo. Aclamado internacionalmente, hasta por Obama, por haber sabido conjugar una política económica neoliberal con una formidable expansión de los programas sociales y del crédito para los más pobres, sacando de la miseria a 20 millones de ellos, acabó convirtiéndose en un mito.
Su popularidad de un 83% se mantuvo hasta el final de su mandato, cuando a la mayoría de los presidentes se les acaba el encanto y empiezan a declinar. Ello le permitió el lujo de gobernar sin oposición, ya que esta se achicó por miedo a ser tachada de enemiga de los pobres, de cuya realidad, él se había apropiado. Ello le llevó a veces a abusar de su popularidad con ciertos ribetes de megalomanía, con su frase más famosa de "Nunca en la historia de este país...". Llegó a ser acusado de creerse que había sido él quién había "descubierto a Brasil". En su defensa de los más necesitados, llegó a dividir injustamente al país y a los políticos entre los que antes de él habían gobernado para los ricos y él, que había descubierto a los pobres. Fue ese eslogan el que le permitió en parte elegir a su candidata, Dilma Rousseff, una buena gestora de su Gobierno pero desconocida excepto por haber militado de joven en la lucha armada en un grupo que propugnaba la dictadura del proletariado.

Como ha subrayado muy bien la ecologista Marina Silva, candidata derrotada en las presidenciales, Lula simplemente contribuyó a la consolidación de la economía del país, junto con los presidentes que le precedieron en los últimos 20 años de democracia como Cardoso o Itamar Franco, artífices ambos del famoso Plan Real, que acabó con la inflación galopante que estrangulaba a los más desfavorecidos y consolidó las instituciones democráticas de las que él se benefició y a las que supo darles continuidad.
Puede que Lula vuelva al poder en 2014. De cualquier modo, ya no sería el Lula del mito. Brasil es ya mayor que él. Es un país que camina con solidez democrática, con instituciones firmes, que se oponen con rapidez a cualquier tentativa de recortar las libertades, como la de prensa, con la que a veces jugueteó Lula, a quien nunca le parecían bastantes los elogios de los medios a sus éxitos de Gobierno.
Brasil es un país más rico y con menos desigualdad social gracias también a Lula, pero no solo a él. Es un país que cuenta en el mundo y que ya no viaja con el clásico complejo del "perro callejero" de antaño. Los brasileños han conquistado una fuerte dosis de autoestima. El eslogan del derrotado candidato de la oposición, José Serra, era acertado: "Brasil puede más". Es decir, puede aún crecer más, tener un sistema educativo mejor, mejor sanidad, mayor seguridad pública, mejores infraestructuras y menor desigualdad social.
Lula no hizo ni podía hacerlo todo. Hizo su parte y el país se lo agradeció eligiendo a quien él había propuesto para sucederle. Pero Brasil es ya un tren en marcha. Los carriles son sólidos, la locomotora de la economía se ha modernizado y ahora el nuevo tren de alta velocidad podrá ser conducido por cualquier motorista que no pretenda hacer locuras.
Lula, se vaya o vuelva, será ya un artífice más, pero no insustituible, del Brasil al que contribuyó a engrandecer. Es lo que los 135 millones de electores que votaron para su sucesión el pasado 31 de octubre quisieron decirle cuando, a pesar de haber pedido a los suyos que lucharan para "extirpar" a la oposición, le dieron los votos suficientes (56 millones) para poder elegir a su candidata en agradecimiento por los buenos servicios prestados, pero otorgaron casi otros tantos (44 millones) a aquella oposición a la que también dieron la mitad del poder del Gobierno de los Estados. Otros 30 millones prefirieron el silencio de la abstención o la protesta del voto nulo.
Brasil es ya un país democráticamente maduro y los millones de pobres que están ingresando en la clase media -gracias también a Lula- necesitan cada vez menos de padres y mesías de la patria, porque han aprendido el juego de la democracia y aspiran a ser tratados como ciudadanos libres, capaces de pensar y de decidir sin muletas. Ya no están dispuestos a firmar papeletas en blanco a nadie, ni siquiera a su ídolo.

sábado, outubro 16, 2010

O Brasil acerta ao pedir voz em questões globais

O Brasil acerta ao pedir voz em questões globais
Fareed Zakaria – Revista ÉPOCA
Você pode contar com algumas coisas na anual Assembleia Geral das Nações Unidas. O trânsito em Nova York vai ficar ruim, os discursos vão valer a pena (ainda que alguns sejam um pouco chatos) – e o presidente do Irã, Mahmoud Ahmadinejad, vai dizer algum absurdo. Neste ano, sugeriu que os Estados Unidos orquestraram os ataques de 11 de setembro para salvar Israel e “reverter a economia em declínio”. (Ele notou o efeito real da guerra ao terror no estado fiscal dos EUA?).
Infelizmente, continua sendo uma pena que uma civilização como o Irã seja representada por um personagem desses. Em outros aspectos, no entanto, a atmosfera deste ano foi contida. Perguntei ao presidente israelense, Shimon Peres, que vem a esse tipo de reunião há décadas, sua leitura do clima. “Há mais preocupação do que costumava haver”, disse. Ele descreveu um clima de inquietude, no qual emergentes disputam influência. “Não acho que os EUA estejam decaindo. O mundo é que ficou mais complicado.”
Houve muita preocupação sobre as atividades de países como o Brasil e a Turquia, com muitos americanos argumentando que os dois países se tornaram causadores de problemas, fazendo acordos com Ahmadinejad e virando as costas para os EUA. Precisamos, porém, entender a dinâmica que está alterando o status desses países. Vinte anos atrás, o Brasil lutava para se livrar de um legado de ditadura, hiperinflação e dívida. Hoje, é uma democracia estável, com uma administração fiscal impressionante e um presidente loucamente popular. Sua política externa reflete o desejo de se livrar de velhas amarras.
Num discurso em Genebra em 11 de setembro, o inteligente e ambicioso ministro das Relações Exteriores do Brasil, Celso Amorim, explicou que, até oito anos atrás, os Estados Unidos absorviam 28% das exportações do Brasil; agora, compram apenas 10%, ultrapassados que foram pela China. A África também passou a ser um parceiro comercial importante para o Brasil. Ao explicar o novo interesse do país pelas questões do Oriente Médio, Amorim afirmou que os 12 milhões de imigrantes e descendentes de árabes do Brasil constituiriam a quarta ou a quinta maior nação árabe do mundo. Em outro discurso, conclamou o Brasil a ser ousado em seus interesses. “É comum ouvir que os países deveriam agir de acordo com seus meios”, disse ele. “O maior erro que alguém poderia cometer, porém, é subestimar (o potencial do Brasil).”
É uma democracia estável, com um líder popular.
Mas, para ser ator global, deve se expor mais em certos temas
Considere-se, então, a Turquia. Vinte anos atrás, também era vista como uma economia dependente da prodigalidade americana e buscando mansamente a aprovação da Europa. Agora, tem uma economia florescente e uma democracia confiante. Está crescendo mais rapidamente do que qualquer país europeu, e seus títulos são mais seguros do que os de muitos países do sul da Europa. A política externa turca está se tornando não tanto islâmica, mas otomana, restabelecendo uma esfera de influência que teve por 400 anos. Abdullah Gül, o presidente turco, diz que, ao mesmo tempo que a Turquia continua sendo parte do Ocidente, é cada vez mais influente no Oriente Médio, na Ásia Central e além. “A Turquia está se tornando uma fonte de inspiração para outros países da região”, disse-me ele em Nova York.
As potências recém-emergentes – China, Índia, Brasil – corretamente insistem em estar mais envolvidas nas tomadas de decisão globais. Quando se lhes dá a oportunidade, porém, elas atuam como grandes potências, com interesses amplos? Sobre comércio? Uso de energia? Mudanças climáticas? Não. Muitos querem ter deferência em matéria de paz regional e estabilidade, mas continuam a buscar seus interesses de modo zeloso. Talvez o exemplo mais claro seja a África do Sul, que insiste na ideia de ser líder natural da África. Só que o país se ausentou vergonhosamente de socorrer o povo do Zimbábue e do Sudão das tragédias locais. Diz Shimon Peres: “Você pode chamar a si mesmo de tomador de decisões. Mas, se não estiver preparado para sacrificar vidas e assumir riscos, então isso é mais uma impressão do que realidade”.
FAREED ZAKARIA é colunista e editor-chefe da edição internacional da revista Newsweek e escreve quinzenalmente em ÉPOCA

sexta-feira, outubro 15, 2010

Para Vargas Llosa, Lula tem conduta 'esquizofrênica' no governo

Para Vargas Llosa, Lula tem conduta 'esquizofrênica' no governo
O ESTADO DE S. PAULO
Em visita ao Brasil após prêmio Nobel, peruano diz que postura democrática do presidente não se reproduz na política externa
Em sua primeira visita ao Brasil desde que foi agraciado com o prêmio Nobel de Literatura na semana passada, o escritor peruano Mario Vargas Llosa, 74, chamou de "esquizofrênica" a conduta do presidente Luiz Inácio Lula da Silva no governo brasileiro.
"Lula fez evolução notável na política interna. Há no Brasil um desenvolvimento que impressiona o mundo inteiro, conduzido por posições democráticas admiráveis. O que lamento é que (ele) não tenha uma política internacional equivalente", disse Vargas Llosa, que criticou a relação que Lula mantém com o presidente do Irã, Mahmoud Ahmadinejad.
"Lá (Irã) estão atirando pedras em mulheres adúlteras! Como (Lula) vai legitimar um tirano assassino que representa uma forma anacrônica de fanatismo? (...) Há razões políticas, geopolíticas, mas não há razão ética ou moral que justifique esse tipo de esquizofrenia na conduta de um governante", disse o peruano.
Ele ainda se disse "desconcertado, entristecido e indignado" com o encontro entre Lula e o líder cubano Raúl Castro em janeiro, quando o dissidente político cubano Orlando Zapata morreu em razão de uma greve de fome. "Por que um democrata no Brasil vai se abraçar com um ditador repelente como o sr. Castro no mesmo momento em que está morrendo um dissidente?"
Vargas Llosa falou nesta quarta-feira a funcionários do Grupo Abril, em São Paulo, em entrevista conduzida pelo jornalista Ricardo Setti.
Ao longo de uma hora, ele tratou da sua reação ao Nobel, da relação entre política e literatura e dos motivos que o fazem estar "mais otimista" quanto aos destinos do mundo e da América Latina.
Correção política
Defensor do liberalismo na economia e na política, Vargas Llosa disse ter ficado "surpreso" com a notícia de que recebera o maior prêmio da literatura mundial, principalmente ao levar em conta os últimos ganhadores.
"A impressão é que eles não queriam dar o prêmio a pessoas controvertidas, principalmente do Terceiro Mundo. Preferiam os que seguiam uma certa correção política. Mas, posto que me deram o prêmio, parece que estavam errados", disse o peruano, provocando risos na plateia.
Vargas Llosa rejeitou a ideia de que a sua atuação política (ele escreve com frequência artigos e ensaios sobre o tema) afete negativamente a sua produção literária.
"A literatura não deve se afastar da vida. (...) Gostaria que a minha obra fosse como uma esponja que absorvesse tudo o que acontece no seu tempo. Não conheço grande literatura que tenha sido indiferente à política."
Desmonte do comunismo
Sobre os rumos da política mundial, o escritor disse estar hoje mais otimista do que há alguns anos, citando o "desmonte" do comunismo.
"Lembro-me de um discurso do Henry Kissinger (secretário de Estado americano entre 1973 e 1977), que não é um tonto, pouco antes da queda do Muro de Berlim (1989). Ele disse: 'Senhoras e senhores, tenhamos claro que o comunismo está aqui para ficar'. Mas ele desapareceu, e não porque foi derrotado pelo Ocidente, mas por uma putrefação interna, por uma incapacidade de organizar uma economia produtiva, porque o sistema de controle do pensamento e da vida o foi asfixiando."
Vargas Llosa também considera que a América Latina evoluiu substancialmente nos últimos anos, com a expansão e a consolidação da democracia.
"(Na América do Sul) hoje só temos uma semiditadura, a de Hugo Chávez, que foi derrotada nas últimas eleições e tem um fracasso econômico enorme. Dificilmente o regime vai sobreviver muito tempo."
Segundo o escritor, os avanços recentes fazem com que o continente "comece a recuperar o tempo perdido". Mas ele alerta que, apesar do progresso, "não se pode cair na ingenuidade, porque pode haver volta".
Experiência desoladora
Para o peruano, situação muito menos promissora que a América Latina tem a República Democrática do Congo, país que ele visitou durante a produção do seu último livro, O sonho do celta, ainda não publicado no Brasil.
A obra trata da vida do diplomata irlandês Roger Casement (1864-1916), que denunciou os abusos cometidos na colonização do então Congo belga pelo rei Leopoldo 2º, entre os séculos 19 e 20.
Vargas Llosa conta que a viagem ao país africano, que durou 15 dias, foi a experiência "mais desoladora, triste e deprimente" de sua vida.
"Vi um médico congolês que me disse: 'o problema número um deste país são os estupros. Aqui, há muitos anos que não se estupra por prazer sexual, o estupro é uma arma para humilhar o adversário. Te digo que num povoado não há uma só mulher que nunca tenha sido estuprada'. Ele me disse isso e começou a chorar de modo atroz."
Para Vargas Llosa, o cenário é tão grave que os prognósticos de que o país não tem solução "pode ser verdadeiro". "Mas, se é certo, a culpa maior, a responsabilidade principal de que o país tenha chegado a essa situação de espanto é a colonização belga, é o que os belgas fizeram ali", diz o escritor.

sexta-feira, outubro 08, 2010

À espera do resultado

À espera do resultado
MARC WEISBROT
O mundo aguarda a escolha dos brasileiros, que ecoará bem além das fronteiras de seu país
NO BRASIL, como nos Estados Unidos, a maioria das pessoas não vota para presidente com base em questões de política externa. Mas o resultado ainda assim importa, ocasionalmente, para o restante do mundo como quando o presidente George W. Bush foi declarado vencedor na eleição de 2000 e subsequentemente iniciou duas guerras destrutivas, dispendiosas e desnecessárias.
Não resta dúvida de que Lula mudou a política externa brasileira e se uniu aos demais líderes de esquerda latino-americanos para produzir mudanças históricas na região.
A América do Sul, de modo especial, se tornou mais independente do que em qualquer momento do passado. Essas mudanças foram tão profundas que mesmo um governo de direita como o da Colômbia se vê cada vez mais inclinado a aderir aos demais países sul-americanos com respeito às questões regionais a despeito de sua dependência quanto às centenas de milhões de dólares em assistência norte-americana.
Quando o governo de Honduras foi derrubado pelos militares em 2009, a América do Sul foi unânime em pedir a volta imediata e incondicional do presidente Zelaya ao cargo.
Washington, em contraste, fez tudo que podia para apoiar o governo golpista de Honduras e para legitimar a administração civil que o sucedeu. O governo Obama -que não alterou as políticas da era Bush para a América Latina- vem mantendo uma estratégia simples de postergar.
O objetivo é reconquistar o poder e a influência perdidos. Não é coincidência que seus únicos aliados latino-americanos sejam governos de direita porque foram os governos de esquerda que lideraram o bem sucedido movimento de independência da década passada.
José Serra criticou Lula pela postura de seu governo quanto a Honduras, e criticou outros governos de esquerda, como o da Bolívia, por meio de acusações dúbias como a de "cumplicidade" com o tráfico de drogas. Também criticou Lula por seus esforços de mediação na disputa entre Washington e o Irã, e no Oriente Médio em termos mais amplos. Dilma Rousseff, em contraste, indicou que manteria a política externa independente de Lula.
Portanto, a eleição é muito importante para a região e para o mundo. Lula incorreu na ira do aparelho de política externa de Washington quando, em companhia da Turquia, seu governo ajudou a negociar um acordo de troca de combustível nuclear com o Irã, em maio.
Tom Friedman, o sabe-tudo do "New York Times", classificou esses esforços como "vergonhosos" e "feios de se ver".
A secretária de Estado norte-americana, Hillary Clinton, definiu a abordagem como "uma trama transparente para evitar ação pelo Conselho de Segurança".
Não resta dúvida quanto a quem essas pessoas todas prefeririam ver vitorioso na corrida presidencial brasileira, ainda que sejam em geral espertas o bastante para manter o silêncio quanto a isso.
Mas o governo de Lula estava tentando evitar ainda outra guerra desnecessária no Irã, algo que o mundo precisa desesperadamente conseguir. A política do PT quanto à promoção da integração política regional também favorece muito a paz e estabilidade na região.
Os esforços de reconciliação em curso entre a Colômbia e seus vizinhos são estimulados em parte pelos bilhões de dólares em comércio entre esses países, especialmente Colômbia e Venezuela. O mundo aguarda ansiosamente a escolha dos eleitores brasileiros, que ecoará bem além das fronteiras de seu país.
MARC WEISBROT é codiretor do Centro de Pesquisa Econômica e Política, em Washington (www.cepr.net). Também é presidente da Just Foreign Policy (www.justforeignpolicy.org).

segunda-feira, outubro 04, 2010

Lula teve economia conservadora e não foi esquerdista o suficiente

Lula teve economia conservadora e não foi esquerdista o suficiente
ENTREVISTA OSCAR GUARDIOLA-RIVERA
Oscar Guardiola-Rivera, professor da Universidade de Londres e autor de livro sobre a América Latina, diz que mundo será dominado por latino-americanos, e não chineses
VAGUINALDO MARINHEIRO - DE LONDRES – FOLHA DE SÃO PAULO
O presidente Lula merece elogios, mas fez um governo conservador na macroeconomia e não suficientemente de esquerda. Sua ex-ministra Dilma Rousseff segue a mesma orientação.
É o que afirma Oscar Guardiola-Rivera, professor de direito e filosofia da Universidade de Londres, que lançou em julho o livro "What if Latin America Ruled the World? (e se a América Latina governasse o mundo?).
Segundo ele, o mundo não será dominado pela China, mas pelos latino-americanos. Por razões políticas, econômicas e demográficas.
Essa novíssima ordem mundial não está longe, acontecerá ainda na primeira metade deste século e mudará a relação entre todos os países: haverá menos intervenções militares na mediação de conflitos e o liberalismo econômico perderá força.
Rivera prevê que a América Latina crescerá e se unificará. Além disso, diz, depois de um negro, os EUA terão um presidente latino. Leia os principais trechos da entrevista à Folha.
  Folha - A primeira pergunta é o título de seu livro: e se a América Latina governasse o mundo? Oscar Guardiola-Rivera - A América Latina está mostrando ao mundo novos caminhos para lidar com questões econômicas e de relações internacionais. Desde o 11 de Setembro, o mundo viu crescer o uso de forças militares para a solução de conflitos. Mas a América Latina, liderada pelo Brasil, tenta um caminho mais negociado, como aconteceu na tentativa de trazer de volta o Irã para o diálogo sobre armas nucleares. Um dos resultados dessa mudança de poder será uma desmilitarização do mundo. Na questão econômica, a crise de 2008 mostrou que o modelo de endividamento das pessoas, que depois virou endividamento dos Estados, é insustentável. Já a América Latina tem adotado programas de distribuição de renda que funcionam como um antídoto contra crises. Enquanto a Europa e os EUA socorreram os bancos, na América Latina, os governos socorreram as pessoas.
Mas as situações eram bem diferentes. Por exemplo, no Brasil, o governo não socorreu os bancos porque a situação deles não era ruim. Mas socorreu empresas com redução de impostos.
A América Latina pratica hoje uma combinação muito inteligente de políticas macroeconômicas que favorecem a economia como um todo e que, ao mesmo tempo, reduzem a desigualdade. Essa é outra diferença e é algo que também mudaria com a ascensão dos latinos.
O senhor trata da América Latina como um bloco, mas o subcontinente é complexo. Muitos países, como Chile e México, preferem fazer acordos individuais em vez de negociar em conjunto. Como acreditar que a região irá virar uma potência unificada?
É verdade que há uma tremenda diversidade entre os países e mesmo dentro de cada país. Mas, na última década, vimos uma mudança, com a criação de fóruns que permitem à região falar com uma única voz. Por exemplo, como foi resolvida a questão diplomática recente entre a Colômbia e a Venezuela? Todo mundo me dizia que essa crise provava a impossibilidade de unificar a América Latina. Mas eu afirmava que o problema seria resolvido em um mês, se tanto, e não pela OEA [Organização dos Estados Americanos, que conta com a participação dos EUA], mas pela Unasul [União de Nações Sul-Americanas]. Foi o que aconteceu. Essas novas instituições que se formaram são muito mais efetivas que as antigas.
Outro ponto que o senhor destaca é que a população de latinos nos Estados Unidos deve ultrapassar a dos chamados brancos antes da metade deste século. Para o senhor, isso mudará completamente os EUA. Por quê?
Porque os latinos terão o poder do voto e vão querer mudanças. Durante o período de pesquisas para o livro, conversei com muitos latinos nos EUA. Eles apontavam a crise econômica, a guerra no Iraque e a imigração como seus principais problemas. Na parte econômica, eles foram deixados de lado com o modelo de Estado pequeno e redução de impostos, que é identificado com os Republicanos. Eles vão exigir um Estado mais forte e mais política de bem-estar social. Na questão da guerra, estão preocupados porque seus filhos estão morrendo no campo de batalha. A proporção de latinos nas Forças Armadas americanas é maior do que na população. Com relação à imigração, eles perceberam que as leis querem punir não apenas os imigrantes ilegais, mas aqueles que os ajudam. E aí você compromete todo mundo. Quase todo mundo conhece alguém ou ajuda alguém que está ilegalmente nos EUA.
Quando os EUA terão um presidente latino?
Logo. O Bill Richardson, governador do Novo México, era para ter sido candidato a vice na chapa do Barack Obama. Não foi por causa de umas acusações, que depois se mostraram inverdades. Ele é um sério candidato para o Partido Democrata.
Vamos voltar à América Latina. Uma das características de alguns governantes dessa região é a incapacidade de lidar com a mídia. Há ataques contra a liberdade de imprensa na Venezuela, na Argentina, no Equador... Se a América Latina dominar o mundo, isso também será exportado?
Sim, há ataques contra a liberdade de expressão, mas ao mesmo tempo parte da mídia nesses países age politicamente. Há uma monopolização da informação que seria impensável nos EUA ou na Europa. Isso é algo que nós latinos precisamos aprender. Temos que ter uma legislação firme que impeça o monopólio da informação, o controle de toda a mídia por apenas um grupo econômico. Você sabe quantos jornais nacionais há na Colômbia? Apenas um. Os leitores não têm escolha.
O senhor escreveu cinco páginas elogiosas sobre Dilma Rousseff em seu livro. O senhor acompanha a política brasileira?
Sim. Estou muito interessado na eleição brasileira, que é extremamente importante para toda a região. Muita gente pensava que o José Serra iria ganhar e que, junto com [Sebastián] Piñera, no Chile, [Juan Manuel] Santos, na Colômbia, e [Felipe] Calderón, no México, iria mostrar o fim da onda esquerdista na América Latina. Mas essa ideia é ilusória, primeiro porque não há essa guinada à esquerda na América Latina. Essa esquerda que está no governo em alguns países é muito diferente daquela esquerda radical dos anos 70. É radical em algumas coisas, como na defesa do fim da desigualdade. Mas em outras é extremamente conservadora. Veja, por exemplo, o Brasil. O governo Lula tem sido muito conservador em questões macroeconômicas. Com relação a Dilma, sua provável eleição representa muitas coisas para a América Latina. Por ela ser mulher, por ter o passado que tem, de luta contra a ditadura militar, e por mostrar a maturidade da nova esquerda, que abandonou a ideia de um caminho de mudanças que passa pela revolução. O que me preocupa com relação a Dilma e ao PT é que eles ficaram muito conservadores na política econômica.

O senhor acredita que ela fará um governo mais à esquerda do que foi a gestão Lula?
Espero que sim. O governo Lula não foi de esquerda o bastante.
O senhor diz que a visão que a Europa tem do Chávez não é justa. Que ele não é um ditador, que foi eleito e reeleito. Mas um dos pilares da democracia é a alternância do poder. Com o que Chávez parece não concordar.
Chávez passou por umas 13 ou 14 eleições, todas supervisionadas por instituições internacionais. Então, não dá para dizer que ele é o clássico caudilho. Mas a imprensa europeia muitas vezes faz propaganda, em vez de noticiar. Sempre às vésperas de eleições aparecem reportagens dizendo que Chávez é narcisista, egocêntrico. Isso não é notícia e precisa ser combatido. Assim como deve ser combatido o processo de concentração de poder na Venezuela. Uma vez o Néstor Kirchner [ex-presidente argentino] disse que o que a revolução bolivariana necessitava era de dez líderes como o Chávez, não apenas um, para não ficar um processo de eternização do poder como aconteceu na Cuba castrista.
O senhor é facilmente catalogado como o clássico pensador de esquerda da América Latina que fala maravilhas da região, mas prefere morar na Europa. Como responde a essa identificação?
 Não escondo que sou um pensador de esquerda. Mas não represento a esquerda dos anos 70. A Guerra Fria acabou, o realismo socialista foi um desastre, mas isso não significa que o que temos hoje é o único modelo possível. O modelo neoliberal não deu certo na América Latina e prova não funcionar aqui na Europa também. Sobre morar na Europa, acho que aqui é o local para iniciar esse debate e mostrar ao mundo a América Latina real, que não é apenas um lugar exótico.
Frase
"O que me preocupa com relação a Dilma e ao PT é que eles ficaram muito conservadores em termos de política econômica" OSCAR GUARDIOLA-RIVERA  professor da Universidade de Londres
RAIO X OSCAR GUARDIOLA-RIVERA
IDADE: 41 anos
NACIONALIDADE: colombiano
LIVROS: "What if Latin America Ruled the World?" (e se a América Latina governasse o mundo?) e "Being Against the World" (estando contra o mundo)
O QUE FAZ: professor de direito e filosofia na Universidade de Londres
Autor relata 500 anos de maneira "não-linear" DE LONDRES
Prever o futuro da América Latina e, ao mesmo, tempo contar mais de 500 anos de história de todo um continente não é tarefa das mais simples.
Mas foi a isso que se propôs o professor Oscar Guardiola-Rivera, da London School of Economics.
O resultado de seu trabalho são 472 páginas de muitos dados, notas, referências e vaivéns que algumas vezes podem confundir o leitor.
O primeiro capítulo começa com uma viagem que o autor fez ao Estado do Acre, em 2008.
O último, com uma reunião de líderes latino-americanos em Cancún (México), em 2010.
No meio disso tudo, estão civilizações pré-colombianas, os descobrimentos, a luta por independência na América Latina, as ditaduras e tudo o mais que aconteceu no continente nos mais de 500 anos em que o povo se especializou em perder, como escreve o autor.
Guardiola-Rivera diz que o estilo do livro reproduz a tradição literária da região. "Não dá para contar a história da América Latina de forma linear, cronológica."
O livro reflete as ideias de um pensador de esquerda, que condena o liberalismo e prega maior presença do Estado na economia.
Apesar disso, recebeu críticas positivas de publicações liberais, como o jornal britânico "Financial Times", e negativas de alguns órgãos de esquerda, como a revista "New Statesman". 0(VM)

segunda-feira, setembro 27, 2010

Necessidade de uma política externa madura

Necessidade de uma política externa madura
Jorge G. Castañeda - O ESTADO DE S. PAULO
Solidariedade descuidada limita influência global do Brasil
O primeiro turno das eleições presidenciais do Brasil, no dia 3, pode se revelar o único. Isso porque a sucessora escolhida a dedo pelo presidente Luis Inácio Lula da Silva, Dilma Rousseff, está muito perto de conquistar uma maioria absoluta dos votos.
O principal adversário de Dilma, o governador do Estado de São Paulo, José Serra, não ganhou tração junto ao eleitorado por causa de suas posições inconstantes - que variam de críticas ásperas à política externa de Lula ao total apoio a suas políticas sociais. Segundo algumas sondagens de opinião, Serra está mais de 20 pontos atrás.
Lula deixa o cargo com uma popularidade espantosa para um presidente latino-americano em segundo mandato. A economia está crescendo a uma taxa de dois dígitos, e a Copa do Mundo de Futebol de 2014 e os Jogos Olímpicos de 2016 estão no horizonte.
Sob o comando de Lula, milhões de brasileiros saíram da pobreza, e a classe média tornou-se uma maioria - não obstante pequena. O Brasil adquiriu uma estatura internacional digna de seu tamanho e sucesso, embora, talvez, não de sua ambição. Sua democracia é próspera e vibrante, mas nem sempre efetiva ou livre de corrupção.
Mas, há motivos para algum ceticismo sobre o legado de Lula, e o fato de eles raramente serem mencionados não diminui o seu significado.
Primeiro, o crescimento econômico continua tendo como base, fundamentalmente, o consumo doméstico e a exportação de commodities. Não há nada de errado nisso desde que eles sejam sustentáveis no médio prazo e viáveis no longo prazo.
O problema é que a taxa de investimento total do Brasil permanece em torno de 16% do Produto Interno Bruto (PIB), bem abaixo do México ou da média da América Latina, para não mencionar a China (40%). Com essa taxa, a infraestrutura e a competitividade do País inevitavelmente declinarão.
A solução de Dilma é o investimento estatal em massa, financiado pelo Banco Nacional do Desenvolvimento Econômico e Social (BNDES), em setores econômicos-chave (petróleo, carne processada, construção). Mas essa estratégia mais provavelmente reforçará a corrupção, que tem sido um apêndice da política brasileira há décadas - e melhorou pouco sob Lula.

Uma segunda questão é o muito alardeado programa Bolsa Família, que começou com o antecessor de Lula como Bolsa Escola, e foi idealizado originalmente pelo economista Santiago Levy no governo do presidente mexicano Ernesto Zedillo. Essas "transferências condicionais de dinheiro" tinham a intenção inicial de barrar a pobreza intergeracional, ajudando a assegurar que as crianças fossem corretamente alimentadas, escolarizadas e mantidas saudáveis. Mas, com Lula (e com Vicente Fox e Felipe Calderón no México, aliás) elas viraram um programa antipobreza direto, voltado para a atual geração de pobres.
Ninguém questiona a generosidade dessa mutação, mas não está nada claro que os quase 15 milhões de famílias que recebem o Bolsa Família conservarão seu nível de renda atual quando o benefício desaparecer, ou que ele possa ser sustentado indefinidamente. O Bolsa Família tem sido um espantoso sucesso eleitoral e, certamente, aumentou o consumo na base da pirâmide no Brasil. No entanto, persistem dúvidas sobre o que o programa pode conseguir no longo prazo para erradicar a pobreza.
Terceiro, as origens e a retórica de militante de esquerda de Dilma alimentam dúvidas sobre se ela dará prosseguimento às políticas econômicas e sociais centristas, pragmáticas, de Lula.
Preocupações. Suas credenciais democráticas são tão sólidas quanto as dele, mas há preocupações sobre seu aparente entusiasmo pela intervenção do Estado na economia - ela parece acreditar nas virtudes permanentes do estímulo fiscal keynesiano - bem como sua habilidade para controlar o Partido dos Trabalhadores, como Lula controlou.
A política externa tem sido o aspecto mais criticado do mandato de Lula, e Dilma mais provavelmente agravara as coisas.
Como adversário da ditadura militar que governou seu país anos atrás, Lula defendeu o respeito aos direitos humanos, eleições livres e limpas, e a democracia representativa. Mas deu pouca atenção a essas questões depois de assumir o cargo, depreciando preocupações sobre direitos humanos e democracia por toda a região e além, particularmente em Cuba, Venezuela e Irã.
Lula acentuou a atitude brasileira tradicional de não se imiscuir em assuntos cubanos, ao ponto de viajar a Havana pouco depois que um dissidente em greve de fome morreu na prisão naquele país. Quando lhe perguntaram o que ele achava, Lula praticamente culpou o grevista pela própria morte.
Ele também recebeu o presidente iraniano Mahmoud Ahmadinejad em Brasília e São Paulo quase como um herói meros três meses após Ahmadinejad ter vencido de maneira fraudulenta a eleição presidencial no Irã em 2009, o que resultou numa onda de repressão violenta. E, um ano depois da eleição, Lula viajou ao Irã.
O presidente brasileiro também fez vista grossa para a mão cada vez mais pesada de Hugo Chávez na Venezuela, jamais protestando ou questionando a prisão de adversários do líder venezuelano, suas repressões à imprensa, sindicatos e estudantes, ou a manipulação do sistema eleitoral.
Corporações brasileiras, especialmente construtoras, têm investimentos e contratos enormes na Venezuela, e Lula usou sua amizade com os irmãos Castro e Chávez para aplacar a ala esquerda de seu partido, que nunca ficou confortável com suas políticas econômicas ortodoxas.
A posição ambígua do Brasil sobre direitos humanos e democracia sob Lula caminha de mãos dadas com sua atitude ante a proliferação nuclear.
Um signatário nos anos 60 do Tratado de Tlatelolco - que baniu as armas nucleares da América Latina -, o Brasil desmantelou seu processo de enriquecimento e suas instalações de pesquisa durante os anos 90 e ratificou o Tratado de Não Proliferação Nuclear (TNP) em 1998.
Acordo com o Irã. No entanto, em maio deste ano, Lula uniu-se à Turquia na proposta de um acordo com o Irã sobre seu programa nuclear (de troca de urânio por combustível para um reator de pesquisas médicas), que Teerã aceitou nominalmente, mas o restante do mundo não.
Enquanto Brasil e Turquia afirmavam que o acordo fora aceito pelos Estados Unidos e a Europa, Washington pediu - e obtive com o apoio de países europeus - novas e mais fortes sanções do Conselho de Segurança das Nações Unidas, às quais só o Brasil e a Turquia se opuseram.
O Brasil está no limiar de um crescimento sustentável, de uma estatura internacional superior, e da consolidação de seu status de classe média. Mas, até ele desenvolver uma política externa madura que esteja adequada a suas aspirações econômicas - uma política externa com base numa liderança com princípios, e não numa solidariedade descuidada ao Terceiro Mundo - sua influência global será limitada. (Tradução de Celso M. Paciornik)
É ex-Chanceler do México (2000-2003) e professor de Política e Estudos Latino-americanos na Universidade de Nova York (artigo publicado em 26/9/2010)

Skoob

BBC Brasil Atualidades

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